Sábado 25 de agosto, 2012
Entro a un barrio cerrado de Pilar y le digo al guardia que voy a lo de Sergio Schoklender. Sin problemas me dice que su casa es la de techo negro. Es sábado, hace frío y hay sol. Hay tres casas de techo negro. Toco la puerta en la primera, una mujer se asoma por la ventana y me pregunta a quién busco. "A Sergio", le digo. Me contesta que lo de Sergio es al lado. Le pido perdón y toco la puerta en la otra casa. Una señora me abre y se le escapan dos perros chiquitos que podrían ser de juguete. "Esta es la casa de Sergio?", "No, no. Sergio vive al lado." Y como dice el dicho, la tercera es la vencida. Estoy en la entrada pero nadie me atiende. Lo llamo al celular, escucho que suena cerca. Contesta y me indica por dónde caminar: "Seguí derecho... Ves el quincho? Ahora caminá hacia la izquierda. Abrí la puerta y entrá. Esperame ahí, me voy a bañar". Lo había despertado. El quincho es de vidrio, y por una ventana de la casa, se asoma Sergio con un cigarrillo en la mano y le pide a una señora que me ofrezca algo para tomar. Espero unos minutos sentada. Miro la decoración, los muebles... Me gusta lo que veo. Hay un entrepiso y un metegol. Estoy sentada en el sillón y lo veo a Sergio caminando hacia el quincho. Nos saludamos, me dice que agarre mis cosas, que vamos al sol. Entramos a la casa, atravesamos el comedor, el living y salimos al jardín. Nos sentamos en unos sillones al lado de la pileta, donde da el sol. Me ofrece algo para tomar, le digo que no, gracias. "Perdón por la espera, pero sin café no arranco. Empecemos."
-¿Cómo te describirías?
-Como un luchador. Un tipo
que no baja los brazos, que va al frente y hasta el último momento pelea. Se me
mete una idea en la cabeza y sigo para adelante.
-¿Qué fue lo que te
motivó a estudiar y a tener proyectos mientras estabas preso?
-Lo primero que me motivó
fue que me dijeron que no podía estudiar. Yo era un preso de mala conducta, muy
rebelde y el estudio en ese momento estaba pensado para los chicos buenos.
Cuando me dijeron que no podía estudiar, encontré un motivo para hacerlo. En
general conmigo funciona que me digan que no puedo hacer algo para que lo haga.
-¿Te trataron muy mal por
ser un preso rebelde?
-En esa época era muy
distinto. Era la época de la dictadura. Estaban los presos por un lado y los
guardias por el otro. El enemigo era muy claro, había muy poca violencia entre
los presos porque ya teníamos demasiada violencia del otro lado. Cuando a mi me
detienen me ponen los primeros seis meses a disposición del PEN, el batallón de
inteligencia 601. Estaba en la cárcel de Caseros, en el último piso y con
interrogatorios permanentes. De ser un chico de Belgrano, del Washington School
y de no conocer ese ambiente, me transformé en un perro de pelea. Te pegan, te
pegan, te pegan y llega un momento en el que reaccionás. Durante los primeros
cinco años de mi vida en la cárcel aprendí a pelear, a defenderme, a no bajar
nunca la cabeza. Creo que batí el récord de días de castigo y todavía los viejos
guardias de aquella época se acuerdan…
-¿Fue realmente una
huelga seca la que hicieron con tu hermano Pablo? La que duró hasta el 18 de
octubre de 1994…
-Varias huelgas hicimos.
Cuando digo las cosas es siempre en serio. La última fueron diez días sin comer
y el décimo día corté el agua. A los dos días me sacaron en una camilla.
-¿Es verdad que la Madre
Teresa de Calcuta llamó para ver cómo estabas?
-No. Además si me hubiese
llamado la hubiese escupido a la vieja hija de puta esa. Es mentira. Tenía una
monjita muy amiga que me visitó durante varios años, la Madre María Elena, de
Jesús María. La Madre Teresa de Calcuta era un bicho. Afortunadamente se murió.
Era un bicho retorcido y siniestro, sino andá a preguntarle a los hindués qué
opinan de ella. Ellos tienen una crítica muy fuerte contra ella. Recién después
de que se muere logran que la gente de la orden, de la congregación, pudiera
estudiar. Lo único que ella instalaba eran morideros, lugares donde llevaban a
la gente, se moría y se ponían a rezar al lado de ellos. Los hindúes mismos
dicen que con la plata que se gastaba en eso, con un par de hospitales se
hubiera salvado mucha de esa gente que dejaban morir simplemente por la locura
de la vieja. No te olvides de que, paradójicamente, Teresa de Calcuta fue la
principal defensora que tuvo Papa Doc Duvalier en Haití. Como le habían hecho
algunas donaciones, siempre habló muy bien de la familia Duvalier y él era un
genocida atroz.
-El consejo superior de
la UBA rechazó la solicitud de genocidas como Donda y Rolón para estudiar por
el programa UBA XXI. ¿Creés que represores como ellos tienen el derecho a
estudiar?
-Yo creo que tienen derecho
a estudiar. No creo que la UBA tenga autoridad moral para decidir quién estudia
y quién no. Será eventualmente el Colegio de Abogados el que tendrá que decidir
si les da o no la matrícula. Recuerdo que yo quería estudiar Filosofía y Letras
con orientación a metafísica y el entonces decano de la Facultad de Filosofía
me dijo que él no iba a permitir que los criminales estudiaran en su facultad.
De hecho terminé con diploma de honor la carrera de Derecho y se negaron a
entregarme el titulo en un acto en la universidad, me lo mandaron por correo y
tardé casi dos años , una pelea muy larga, para poder matricularme como
abogado.
-¿Un buen abogado
defiende a cualquier cliente o hace diferencias con, por ejemplo, un
genocida?
-Yo siempre hice
diferencias. Cuando ejercía había muchos casos que no tomaba. No tomaba causas
por genocidio, causas laborales por la patronal. Si alguien venía con alguna
causa de abuso o violencia, lo primero que hacía era ordenar una pericia y si
la pericia me decía que era culpable directamente no tomaba la causa. Creo que
tenemos el derecho y la obligación de elegir. Hay mercenarios que defienden
cualquier cosa, yo no.
-¿Elegirías a un abogado
que no haga esas diferencias para que te defienda?
-No. Yo tenia dos buenos
abogados en la última causa. El gobierno los apretó y tuvieron que renunciar.
Dos excelentes personas; Adrián Tenca y Horacio Pitreu. Finalmente empecé a
defenderme yo y cuando la causa adquirió un volumen disparatado decidí optar
por la defensora oficial.
-Pero Pedro Bianchi fue
tu abogado… Él había defendido a Massera.
-Si… Un chanta. Yo ni sabía
quién era. El primer día que estuve preso apareció uno ahí y bueno… Lo eché.
Estuvo poco tiempo. La mejor abogada que tuve fue Lucila Larrandart. Siempre
odié la profesión. Inclusive me sancionaron varias veces. Daba clases como
profesor invitado en Penal 1 y después en Práctica Profesional en Tribunales,
en el último piso. Recuerdo que en una de las tantas charlas que di en Derecho,
ya al finalizar la clase, uno de los alumnos me preguntó “y qué se puede hacer
entonces con los tribunales?” Y yo le dije “y qué se yo…ponerle una bomba con
todos los que están adentro”, y como los alumnos escriben y después lo
publican, me hicieron toda una cuestión de ética y me suspendieron. Siempre
odié el ejercicio del Derecho.
-Muchas veces dijiste que
alrededor del año 1981 se filtró información de los interrogatorios al
periodismo. ¿Cómo trataron los medios el tema?
-Me crucificaron. Más o
menos como ahora. Pero era otra época, una época dura. Ahora cambió mucho. Hay
muchas cosas para mejorar pero no se compara con lo que era en ese momento.
-¿Cuando saliste de la
cárcel perdiste relación con muchas personas?
-Me dejó de hablar todo el
mundo. Todos los que había conocido antes de ir preso. Cuando salí de la cárcel
tenía tres títulos universitarios, dos más en camino, había terminado Abogacía,
Psicología, me faltaba el tramite de equivalencias para Sociología y tenia dos
medias carreras de Informática, fui becario estudiante, becario graduado de
investigación, tenia tres designaciones docentes en la UBA; daba Introducción
al Pensamiento Científico, Antropología y Laboratorio 3, Lenguaje de
Programación Assembler en Exactas. Ahí me peleo con Shuberoff porque con la
toma de estudiantes en la Universidad de la Plata, salí en el programa de
Grondona diciendo que era una vergüenza que el presidente de la universidad
permitiera el ingreso a la policía dentro de los claustros universitarios. Al
día siguiente me retiraron todas las designaciones que eran ad honorem y nunca
más tuve contacto con la UBA. Yo iba a la sala de profesores de jean, remera,
musculosa, todo estaban de traje. Siempre odie ese ambiente, porque lo que yo
sostenía era que en primer año los estudiantes ingresan con algún ideal de
justicia, de defender la verdad, a los mas débiles. Y atraviesan la facultad
que es una licuadora y ya cuando salen, salen para trabajar en un estudio
impositivo, comercial. Entonces lo que produce la universidad, más que un
proceso de formación, es un proceso de alineación.
-“De los que se graduaron
en la cárcel el único reincidente fue Schoklender”, dijo Cristina en Cadena
Nacional. ¿Vas a iniciar otra acción legal además de la carta documento?
-Si. Le mandé una carta
documento y ahora voy a iniciarle una denuncia criminal por injurias y una
demanda civil.
-¿Cuál creés que es el
proyecto de país con ella como presidenta?
-Acá hubo un proyecto de país que lo soñó Néstor, con todas
sus locuras, con su empecinamiento, sus fantasías, era un tipo que tenia una
visión estratégica y que además gobernaba. Él estaba en todos los temas, se
preocupaba. Ésta es un cambalache, una impresentable.
-¿Qué podes rescatar como
positivo de su gobierno?
-Lo poco bueno que hizo es
continuar alguna de las medidas que Néstor había planteado, pero a media
máquina. Muchas de las medidas que se están tomando son imprescindibles. Todo
este cepo al dólar, a las importaciones, son imprescindibles pero porque no se
hicieron un montón de cosas que habría que haber hecho antes. La Argentina
necesitaba, y éste era el sueño y compromiso de Néstor, yo lo hablé con el
muchas veces, un Banco de Inversión y Desarrollo. Podés plantear un proceso de
sustitución de importaciones, pero para eso financiá la producción nacional. Si
no lo único que hacés es concentrar de nuevo en los mismos oligopolios y además
es una corrupción desaforada, desatada. No te olvides que están haciendo las
valijas. Cuando están haciendo las valijas están por un lado tratando de cerrar
todas las causas pendientes y de robar a mansalva todo lo que puedan.
-¿Qué cosas te unieron a
Hebe?
-Muy pocas, pero fundamentalmente
la idea de que existía la posibilidad reconducir el discurso de los derechos
humanos hacia problemáticas concretas y actuales. La idea de que la lucha por
los desaparecidos y los genocidas, ya fue, ya pasó. La defensa de los derechos
humanos no se agota en eso, tiene que ver fundamentalmente con los derechos
sociales, al trabajo, a la vivienda, que fue lo que intenté llevar a cabo. Pero
buen, esta chiflada.
-¿Realmente sentiste a
Hebe como una mamá?
-No. Cuando yo estaba en la
cárcel me fui transformando en un referente de las organizaciones políticas más
duras de la universidad. Cuando salí tenía ofertas de trabajo de todos los
partidos políticos, de todos los ministerios, de todas las organizaciones. Pero
yo mandé a todos a la mierda y me fui a trabajar con ella porque me pareció que
era un buen lugar para construir y le di dieciséis años de mi vida. La obra que
hicimos es monumental. Pero se armó todo este lío y ahora tendré que esperar
unos meses y volver a poner primera para seguir construyendo, pero sin el cepo
de las Madres, el Gobierno Nacional. Sin todos esos condicionamientos. El
gobierno me pone muchísimas trabas. Me presionan los abogados, tengo a la SIDE
encima todo el tiempo, amenazan a mis amigos, familiares. Mis teléfonos deben
estar intervenidos hasta por la guardia urbana, tengo como querellante la DIF y
un juez como Oyarbide que es un impresentable.
-¿Y ella te sintió como
un hijo a vos? ¿O se acercó por otras razones?
-No. Se acercó porque vio la
posibilidad de alguien que podía darles una mano. Yo pude volcar todo lo que
había aprendido, toda mi experiencia de lucha, toda mi formación de chico junto
a mi padre en un mundo empresarial y darle coherencia a una lucha que ya estaba
desgastada.
-¿Cuál es la relación con
tu hermano ahora?
-No tengo relación porque se
comió el cuento de que sin Sergio iban a estar mejor.
-¿Por qué?
-Porque yo jamás permití
coimas, sobreprecios, sobre certificaciones en las obras, ni condiciones de
trabajo indignas en los obradores. En la lucha con el gobierno mientras estuvo
Néstor, Pablo me defendía. Yo manejaba una parte muy importante del presupuesto
para urbanización de villas y asentamientos y eso no pasaba por caja. Ni en
Suiza existe que se manejen mil doscientos millones de pesos y que vayan a obras
sin tributar para la corona. Mi principio es que les acepto que el gobierno
tenga que hacer caja para hacer política, para mantener un staff de
funcionarios y demás, pero hay cosas que no se tocan. Si ya tenés los puentes,
las represas, los gasoductos, el tren bala y todos esos disparates para robar.
Sacá de ahí pero no saques de la parte para urbanización de villas.
-¿Y con tu hermana?
- No tengo contacto. Pero
vive acá, tiene dos hijos y trabaja.
-Pablo dijo que él nunca
llegó a querer a su mamá…
-Si, pero de todo eso no voy
a hablar. No me gusta hablar de eso. Además pasó hace muchos años... Más de
treinta.
-Pasaron muchas cosas en
esos treinta años…
-Peleé en todas partes.
Desde los campamentos de refugiados palestinos hasta los lugares mas insólitos.
Conocí mucha gente hermosa y tengo dos grandes amigos brasileros, Leonardo Boff
y Fray Betto.
-¿Acá te juzgan sin
conocerte?
-Si, totalmente, pero
depende quiénes. Porque cuando camino por la calle o en las villas, en los
barrios más marginales, tengo mucho apoyo de ellos. Por supuesto, en estos
espacios no.
-¿Hoy en día como es tu
situación?
-Estoy formalmente
desocupado. En realidad lo que me apasiona es la tecnología. Aproveché este año
y medio para avanzar en un montón de proyectos. Todo lo que no me dejaron
patentar acá lo patenté en Europa y ya firmé los primeros contratos así que
pronto empiezo a construir, y cuando empiece a construir, el mundo va a ser
mejor. Vamos a cambiar el mundo.
-¿Sos un revolucionario?
-Si. Lo que pasa es que mi
idea de la revolución paso por tantos caminos… fui admirador del Che, de Mao,
de Sendero luminoso, de las FARC, del Movimiento sin tierra. Estuve en todas
las zonas de conflicto que hubo en el planeta. Desde los puentes de Sarajevo
mientras caían las bombas hasta los campamentos de Chiapas con Marcos con el
movimiento sin tierra en los campamentos… estuve en todos lados donde hubo
conflicto. Finalmente entendí que la verdadera transformación pasa por generar
condiciones dignas de trabajo, que la construcción política lleva tiempo, que
la conciencia política no se aprende en un libro. No alcanza con que le leas a
alguien el capítulo 24 de El Capital y saques un cuadro político formado, es un
proceso vivencial que lleva muchos años.
-¿Si te llaman de algún
medio, das notas?
-Si. Por mi voy a todos
lados, lo que pasa es que no me llaman. Una vez que te llaman y hablás de cosas
inconvenientes para el establishment después no te llaman más.
-¿En este momento a todos
les puede afectar lo que digas?
-Especialmente después de
que salí a denunciar toda la red de corrupción de Oyarbide, Garbellano, las
filmaciones en los prostíbulos, las extorsiones. Desde ahí nadie más me llama.
No te olvides que el que no fue filmado, no sabe si no lo filmaron, entonces están
todos con el culo sucio.
-¿Cómo fue tu
adolescencia?
-Vine e vivir a Buenos Aires
a los ocho años. Después pasé por muchos colegios. Hasta cuarto año fui al Washington y me echaron.
-¿Por qué te echaron?
-Por anti peronista, en
aquella época iban todos los hijos de los dirigentes peronistas de ese momento.
Un día se festejaba “San Perón” o no se qué fecha y yo tenia veinticuatro
faltas y media y no podía tener más. No podia no ir al acto, entonces fui.
Estábamos todos formados en el patio del colegio y yo me paré mirand para atrás. Viene le director, un viejo
bigotudo y me dice “Schoklender qué hace?”, y le contesto “yo no voy a permitir que la bandera de
mi patria este colgada en un acto peronista””. Me quedé de espaldas con los
brazos cruzados. Después, amablemente, me invitaron a retirarme del colegio.
Terminé quinto año en el Highlands en Vicente López, un colegio de vagos. De
todas maneras mi paso por el colegio fue la cosa mas aburrida que puedo
recordar. En invierno estaba en el primer banco contra la estufa durmiendo y en
verano en el fondo al lado de la ventana, durmiendo, escribiendo o leyendo.
Odiaba el colegio, odiaba esas horas interminables.
-¿Te hubiese gustado ir a
otro colegio?
- Siempre me gustó ir un
poco a contramano de las normas. Me hubiese gustado ir a un colegio donde te
enseñaran cosas que te pudieran interesar, que tuvieran que ver con la realidad.
No sé que se lee ahora, pero en aquella época tenías que leer “Doña Rosita la
soltera” como si fuera una gran obra literaria y es un bodrio. Leo mucho pero
no basura.
-Además de esta casa en
Pilar… ¿Tenés otra en José C. Paz?
-Compré cuatro hectáreas
donde había un asentamiento en José C. Paz para que no desalojaran a unas 80
familias, y como condición tenía que comprar la quinta de enfrente, que estaba
abandonada. Una quinta que había sido de la época de joda del menemismo y se le
cedí a la Secretaría de Lucha contra las Adicciones para que instalara un
centro de rehablilitación para gente de bajos recursos. Cuando estalló el quilombo
me dijeron que no tenían nada que ver, yo tengo el contrato, ellos lo firmaron.
En televisión la mostraban como una quinta con veinte dormitorios, quinientos
baños y la realidad es que está abandonada.
-Con todos los líos que
tuviste, ¿se borró mucha gente?
-Pffff si, muchísimos, pero
aparecieron otros. Siempre hay más gente buena que mala en la vida.
Vera Nayar